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Debate conducido por Alonso Naranjo en el que toman parte
Norma Lilia, Pedro Rosario, Alejandro D’Amico y Eugenio Gómez Segura (Indagando en la Biblia).
El Proceso de Jesús: Análisis Crítico del
Panel de "Indagando en la Biblia"
En el debate conducido por Alonso Naranjo,
un panel de especialistas integrado por Pedro Rosario, Alejandro
D’Amico, Eugenio Gómez Segura y Norma Lilia propone una
relectura del Nuevo Testamento despojada de su barniz teológico posterior. Su
tesis central es que la ejecución de Jesús no fue un evento religioso fortuito,
sino una consecuencia legal y política coherente con el derecho romano de la
época.
I. Los Protagonistas y sus Ejes de Análisis
El debate se sostiene sobre cuatro pilares
metodológicos:
Pedro Rosario (Historicidad): Defiende que el cargo de sedición
(laesa maiestas) es el único que explica históricamente la
crucifixión, una pena romana destinada a rebeldes.
Alejandro D’Amico (Derecho Romano): Analiza la precisión jurídica del
término "Rey". Para Roma, autoproclamarse soberano en una
provincia ocupada era un acto delictivo per se, independientemente
de la intención espiritual.
Eugenio Gómez Segura (Contexto Clásico): Sitúa el conflicto en la
gestión del orden público. Pilato actúa como un prefecto pragmático que
elimina un foco de insurrección en la volátil Pascua judía.
Norma Lilia (Divulgación Contextual): Enfatiza la necesidad de
entender a Jesús como un galileo inmerso en las tensiones sociales de su
tierra, cuya memoria fue posteriormente "espiritualizada" por la
Iglesia.
II. Pasajes Clave y su Relectura Política
El panel identifica diversos pasajes donde la
realidad histórica de la sedición se filtra a través del relato evangélico:
1. El Conflicto en el Espacio Público
La Entrada en Jerusalén (Mc 11, 1-11): No se lee como un rito
religioso, sino como una proclamación mesiánica de realeza. Entrar
como "Hijo de David" era un desafío directo a la soberanía de
Roma.
El Incidente en el Templo (Mc 11, 15-19): Identificado como el
detonante real. Más que una "purificación", el panel lo ve como
un conato de motín o alteración del orden público en el centro
económico y religioso del país.
2. La Resistencia y el Cargo Legal
Las Espadas en Getsemaní (Lc 22, 35-38): La presencia de armas
entre los seguidores de Jesús sugiere un grupo preparado para la
resistencia. Para el análisis crítico, este dato refuerza la imagen de una
facción que Roma catalogaría como sediciosa.
El Titulus Crucis (Mc 15, 26): El rótulo "Rey de los Judíos"
es el dato histórico más sólido. No es una ironía teológica, sino el documento
legal que registra la causa de la muerte: pretensión de realeza rival
al César.
La Comparación con Barrabás (Mc 15, 6-11): Al presentar a Barrabás
como un encarcelado por sedición (stasis), los evangelios sitúan a
Jesús y a Barrabás en la misma categoría delictiva ante los ojos de
Pilato.
III. Las Bienaventuranzas: Un Manifiesto
Social
Incluso el Sermón del Monte es reinterpretado
por el panel como un discurso de soberanía y justicia terrenal:
Pobreza y Hambre: Frente a la versión espiritual de Mateo, el panel prefiere la
crudeza de Lucas ("Bienaventurados los pobres"). Es un mensaje
dirigido a los desposeídos galileos que sufren la presión fiscal.
La Tierra de los Mansos: La promesa de que "heredarán la
tierra" se interpreta como la esperanza de restaurar la soberanía
sobre Israel, devolviendo la tierra a quienes la han perdido bajo el
sistema de latifundios colaboracionistas.
Justicia y Paz: La justicia anunciada no es una virtud interna, sino el
restablecimiento del derecho judío frente a la opresión extranjera.
IV. Veredicto del Debate
El panel de "Indagando en la
Biblia" concluye que la imagen de un Jesús puramente espiritual y
apolítico es un desarrollo posterior. La evidencia apunta a un profeta galileo
que lideró un movimiento de renovación nacional cuya fuerza y mensaje fueron
interpretados por las autoridades romanas y la aristocracia sacerdotal como una
amenaza directa al statu quo.
"Jesús no murió por una cuestión de
blasfemia religiosa, sino por un cargo político de sedición, ejecutado por la
autoridad romana como una advertencia contra cualquier mesianismo
nacionalista".
Este texto consolida las visiones de Rosario,
D'Amico, Gómez Segura y Lilia en un único cuerpo doctrinal de corte
racionalista.
Gabriel Andrade conversa con Antonio Piñero sobre Arrio y el Concilio de Nicea (325), entre otros.
Apuntes sobre la entrevista.
Según el Dr. Antonio Piñero, cabe desmentir ciertos mitos extendidos como que las actas de este concilio desaparecienron, cuando en realidad no se redactó documento alguno excepto una declaración final que es el Credo de Nicea; o que allí se estableció el canon neotestamentario (Voltaire). El objeto del Concilio de Nicea fue establecer la naturaleza de Cristo. Así, los Arrianos sostenían que Jesús era hijo de Dios, pero en ningún caso el propio Dios. Era hijo de Dios, en un momento dado, divinizado por el padre, por lo que incluso, en un momento intelectual antes de los siglos, no habría existido. Ello afecta notablemente a la comprensión de Jesús y su percepción y posibilidad de ser imitado por los seres humanos.
Esta disputa tiene su origen en las distintas imágenes que proyectan los escritos neotestamentarios. El concilio fue convocado por el emperador Constantino en 325 con la finalidad de unificar criterios entre los cristianos a fin de dar estabilidad al imperio romano.
Las doctrinas de Arrio fueron confrontadas por el patriarca de Alejandría Alejandro y su discípulo Atanasio, Se llega al concilio porque la Iglesia, como rama que era del judaismo, parte de una confusión mental grande y es que nunca jamás en el judaismo ni el judeocristianismo, ni los primeros cristianos, se habían planteado que Jesús, al mismo tiempo que ser humano, pudiera ser un ser divino. Las soluciones a tal cuestión son difusas, considerando que Dios no es un ente monolítico sino que se manifiesta a través de su palabra y también del Mesías. Así, mientras que los judíos consideran a Dios como un ente fijo y apartado, los cristianos (tanto judeocristianos como paulinos como arrianos) consideran que en su actuación se prolonga hasta el punto de asumir naturaleza humana.
En este proceso, Orígenes de Alejandría (124-253) juega un papel importante por la influencia ejercida sobre Arrio (250/256-336). En palabras de Roger Haight (1936), Dios Padre es transcendente e incognoscible e incomprensible, mientras que el Hijo puede ser conocido, intermediando sus cualidades un conocimiento de las propiedades del Padre por los seres humanos. Arrio aplicó la doctrina de Orígenes en el sentido de que Dios es absolutamente trascendente, de lo que se deriva que no admite otra entidad alguna igual a sí mismo. Por esta razón, no puede aceptarse que el Hijo y el Espíritu sean de la misma naturaleza que el padre. La imposibilidad de explicar y comprender tales argumentos con categorías filosóficas determinó que la Trinidad fuese considerada un misterio, lo que deviene a su vez, un verdadero dogma.
En el Concilio de Nicea triunfó la postura de los católicos ortodoxos en el sentido que el Hijo no tiene principio alguno, no fue creado por el padre, sino engendrado (según Plotino algo más sublime que lo simplemente creado -categoría en principio reservada para los seres humanos, lo que es equívoco, y propio de los seres divinos, mientras que los seres meramente humanos son capaces de generar criaturas, seres meramente humanas-); en todo caso, al igual que el Padre, prexistente y eterno, de la misma naturaleza o esencia que Este; y que la naturaleza del Hijo es absolutamente divina. Según la Iglesia, tales conclusiones habrían sido inspiradas por el Espíritu Santo (Así, desde Pentecostés).
En cualquier caso, en el siglo IV la consideración de Jesús como Dios estaba ampliamente extendida y en general, era indiscutible. Cabe decir que se trata de consideraciones fílosóficas típicas de los siglos III y IV. Para los creyentes, únicamente cabe creer tales dogmas, habiendo de renunciar a su comprensión.
Por su parte, el modalismo es una doctrina que puede aplicarse a la elaboración de estas doctrinas otorgándoles una mayor posibilidad de ofrecer una categoría más racional que fue, sin embargo rechazada y condenada por la Iglesia. Estas posturas, en principio tan ininteligibles, encontraron sin embargo, un gran apoyo (únicamente Arrio, Eusebio de Cesárea y quizás, de Eusebio de Nicodemia se opusieron), sin que se sepa exactamente la razón de la misma. Quizás pudiera haber habido cierta presión política por parte del emperador en aras de una mayor unidad política entre oriente y occidente. Se trata de una conjetura que tiene, sin embargo, relevancia histórica.
De todas formas, los sucesores Constantino fueron arrianos y el Concilio de Nicea no fue el punto final de esta disputa, habiendo de ser la doctrina trinitaria aclarada y reforzada en el Concilio de Calcedonia (451).
Según Javier
Alonso, la resurrección no es admisible desde un punto de vista científico. A
partir de este postulado cabe preguntarse por la razón de esta creencia por parte de los discípulos de Jesús de Nazareth.
Quizás, el
fundamento último resida en el hecho de que su cuerpo nunca habría sido
encontrado, lo que les habría impedido iniciar la fase de duelo y la
consiguiente asimilación de la pérdida. A ello cabe añadirle el trauma que
supuso para sus seguidores saber que su líder había muerto en la cruz de forma
infamante, lo que supuso el inesperado y abrupto fracaso de su misión. Ello
habría generado, a su vez, una falta de aceptación de la evidencia, exacerbada
quizás, por el sentido de culpabilidad derivado del hecho de haberlo abandonado
a su suerte ante la reacción del poder romano.
En este sentido,
el hecho desencadenante de este proceso en la formación de la creencia en la
resurrección del Maestro acaso fuese la inestabilidad emocional de María
Magdalena (de la que había expulsado siete demonios), personaje cercano a Jesús
y que interiorizaría su muerte de forma particularmente íntima. Ella habría
manifestado a los demás discípulos su percepción y convencimiento de que Jesús
estaba de nuevo entre ellos. En este proceso, el fenómeno psicológico de la
disonancia cognoscitiva habría jugado un papel muy importante.
Javier Alonso,
autor del libro La Resurrección. De hombre a Dios (Arzalia) expone y analiza
estos argumentos en una interesante entrevista servida por Gabriel Andrade.